Es miércoles. Son más de la una de la madrugada y lo que me pide el cuerpo es ponerme a escribir.

Ya ves, las cosas que tiene la vida.

Con las mil y una vueltas que me da la cabeza cada milésima de segundo, llega un momento en el que la mente me pide marcha. Y marcha es lo que le vamos a dar mis deditos y yo encima del teclado.

Porque de pronto es como que tengo montones de cosas que decir y que quieren salir a borbotones.

Sin miramientos.

Ayer por la noche y esta mañana he estado a punto de desaparecer de todas las redes sociales. De desconectar del todo. Porque a veces siento que me hacen más mal que bien.

Y se que no soy la única que se siente así.

A ver, con la de millones de personas que hay en el mundo, más de una, de dos y de tres personas se tienen que sentir igual que yo.

Ni soy la última botella de agua del desierto, ni el ombligo del mundo. Soy consciente que yo soy yo, pero que formo parte de un todo. Un todo del que también formas parte tú.

Pero a lo que iba. A puntito he estado de largarme, digitalmente hablando.

Es como si de pronto todo sobrase.

Los mismos anuncios de publicidad vendiéndome un marketing infalible. Un método maravilloso para vender mejor. Un curso que va a hacer que consigas más seguidores. Un pase VIP a una vida que la mayoría de las veces es mentira.

Llevo varios años leyendo, viendo videos. Toneladas de ellos. Aplicando cosas. Buscando ese “Like”. Esa aprobación que viene desde fuera, cuando la única aprobación que me debería importar es la mía.

La única aprobación que te debería importar es la tuya.

Pero aquí estoy. Escuchando cosas como “para escribir en X medio tienes que tener una buena presencia en redes sociales”. “¿Cuántos seguidores tienes? Para poder tocar en X o en Y no son suficientes”.

Llegados a este punto, yo lo único que quiero es hacer música. Cantar. Pero ya hasta dudo de si me apetece hacerlo en directo o no.

En serio. Estoy en un punto en el que todo me parece de mentira. Comprar seguidores para aparentar. ¿Dónde está la autenticidad?

Si yo ahora mismo estoy jodida, lo digo. Como también digo que se que de esto se sale. Todavía no se cómo. Pero creo que tengo que dejar de centrarme en el como y más en el ahora.

Pero tengo la sensación que todo alrededor vende humo. Y yo ya hace tiempo que dejé de fumar, el humo no me interesa para nada.

Y aún así, sigo mirando el maldito móvil cada minuto para ver si a alguien más le ha gustado mi última foto. Si he tenido un comentario negativo en Youtube o si tengo algún seguidor nuevo.

Y no estoy sola. ¿A que no?

No me voy a ir de las redes sociales. No lo voy a hacer porque me gusta compartir cosas.

Pero por otro lado, ¿por qué lo hago? ¿por qué lo hacemos? Me digo que es por la música, pero ¿es verdad?

Quiero decir. ¿Lo hago para compartir mi música o para recibir la aceptación que no obtengo de mí misma?

Ahora mismo no lo tengo claro. Cuando lo sepa, os lo haré saber. Pero espero que sea por el mero hecho de compartir experiencias con gente afín a mi. Sean una o dos personas. Y no por conseguir más likes o más seguidores.

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